Cuando crecer empieza a complicar las cosas

Durante años trabajé en empresas tecnológicas que perseguían crecer.

Más clientes.

Más proyectos.

Más personas.

Más oportunidades.

Y, sinceramente, es una buena noticia cuando ocurre. El problema es que el crecimiento viene con letra pequeña.

Llega un momento en el que la empresa deja de parecerse a aquella organización pequeña donde casi todo se resolvía hablando cinco minutos con la persona que tenías sentada al lado.

De repente aparecen nuevos equipos, nuevas responsabilidades, nuevas dependencias y más personas tomando decisiones que afectan a otras personas.

La complejidad entra por la puerta sin pedir permiso.

La máquina del café como sistema de gestión

Todas las empresas tienen sus mecanismos informales de coordinación.

En muchas ocasiones, uno de ellos es la famosa máquina del café.

Ese lugar donde se comparten preocupaciones, se desbloquean problemas, se alinean prioridades y se aclaran malentendidos.

Y funciona sorprendentemente bien.

Hasta que deja de funcionar.

Cuando una organización alcanza cierto tamaño, la coordinación espontánea ya no es suficiente para sostener el negocio.

No porque las personas sean menos capaces.

No porque trabajen menos.

Simplemente porque la complejidad ha aumentado.

La máquina del café sigue siendo estupenda para tomar café. Lo que ya no puede hacer es sostener la organización.

El problema no suele ser el talento

Muchas empresas tecnológicas tienen equipos extraordinarios.

Personas inteligentes.

Comprometidas.

Técnicamente brillantes.

Sin embargo, escucho con frecuencia comentarios muy parecidos:

«Tenemos mejor equipo que hace unos años y aun así avanzamos más despacio.»

La primera vez que escuchas algo así parece una contradicción.

La décima vez empiezas a entender que el problema probablemente no está en el talento.

Está en la capacidad de coordinar ese talento.

Porque incorporar personas es relativamente sencillo.

Conseguir que todas remen en la misma dirección es bastante más complicado.

Qué entiendo por capacidad de gestión operativa

Cuando hablo de capacidad de gestión operativa no me refiero a crear más burocracia.

Tampoco a llenar la empresa de procedimientos interminables o documentos que nadie lee.

Me refiero a algo mucho más práctico:

  • Tomar decisiones con claridad.
  • Priorizar lo importante.
  • Resolver bloqueos rápidamente.
  • Coordinar equipos.
  • Reducir dependencias innecesarias.
  • Conseguir que las cosas ocurran sin que todo dependa siempre de las mismas personas.

En otras palabras, desarrollar la capacidad de gestionar la complejidad que la propia organización ha generado al crecer.

La tendencia que creo que veremos en los próximos años

Durante mucho tiempo la ventaja competitiva estuvo en atraer talento.

Y seguirá siendo importante.

Sin embargo, creo que las organizaciones que marcarán la diferencia serán aquellas capaces de coordinar mejor el talento que ya tienen.

Porque cada vez será más difícil encontrar personas.

Y cada vez será más importante aprovechar bien las que ya forman parte del equipo.

La pregunta ya no será únicamente:

«¿Cómo conseguimos más talento?»

La pregunta será:

«¿Somos capaces de convertir todo ese talento en resultados?»

Y ahí es donde la gestión empieza a convertirse en una ventaja competitiva real.

Porque llega un momento en que la máquina del café ya no puede sostener la organización.