Sole Martínez

La mente ordenada de una ingeniera informática. La mirada sistémica de una coach.

Durante más de 25 años he trabajado en empresas tecnológicas como programadora, consultora de ERP, directora de proyectos, responsable de operaciones, directora de producción del servicio y miembro del comité de dirección.

Hoy acompaño a empresas que crecen o atraviesan cambios a recuperar el control, frenar el caos operativo y seguir escalando sin perder margen ni capacidad de ejecución. Y lo hago interviniendo donde realmente se sostiene la operativa: en las personas (líderes, equipos y talento).

De la tecnología a las personas (y de vuelta a la tecnología)

de la tencología a las personas

Todo empezó con un Spectrum y un programa muy sencillo que solo decía: "SOLE GUAPA". Yo tenía diez años y, al verlo, todo el mundo decidió que de mayor sería informática. En aquel momento no supe oponerme a la voluntad popular.

Aunque estudié Ingeniería Informática por esa «decisión colectiva», descubrí que me gustaba mucho más de lo que imaginaba. Me fascinó construir sistemas que funcionasen. Programar era una mezcla perfecta de lógica y creatividad: poner orden, diseñar estructuras y conseguir que piezas distintas trabajaran de forma coordinada.

Con el tiempo pasé a implantar ERPs, dirigir proyectos, liderar operaciones e integrar empresas. Cada nuevo reto me acercaba siempre al mismo lugar: ordenar el trabajo en las organizaciones.

Durante esos años descubrí algo que cambió por completo mi forma de entender los negocios: los problemas que más desgaste y dinero generaban rara vez tenían su origen en la tecnología ni en las herramientas.

Detrás de los retrasos, los cuellos de botella, los conflictos entre departamentos o la pérdida de margen solía haber una constante: una organización que había crecido, pero cuyos líderes y equipos no habían desarrollado la forma de gestionar esa nueva complejidad.

Fue entonces cuando entendí que mi trabajo ya no consistía en rediseñar software ni en redactar manuales de procesos. Lo que realmente desatasca una empresa es ayudar a que las personas que la forman aprendan a liderar, comunicarse y trabajar de forma autónoma.

Hoy sigo haciendo exactamente lo mismo que cuando programaba: entender sistemas complejos, identificar qué impide que funcionen y tirar de método para conseguir que todas las personas vuelvan a remar alineadas y en la misma dirección.

Más allá de mi currículum

    • Mi primer videojuego fue Bubble Bobble: He encontrado la forma de seguir jugando de mayor y lo disfruto casi tanto como entonces.

    • Dentro del mar: Nadar en mitad del mar es uno de los pocos lugares del mundo donde consigo desconectar y dejar de pensar en cómo ordenar sistemas.

    • Necesito moverme: Aunque parezco tranquila, me cuesta estar quieta. Bailar, entrenar o cualquier actividad que me obligue a usar el cuerpo además de la cabeza es mi vía de escape.

    • Mi superpoder: Entrar en entornos con mucho ruido y caos, hacerme una visión global para entender qué está pasando y traducirlo al detalle en algo simple que las personas puedan gestionar con tranquilidad.

    • Emprendí rodeada de funcionarios: Todavía no sé muy bien cómo ocurrió, pero aquí estoy, emprendiendo.

    • Madre de familia numerosa y con hijos neurodivergentes: Mis hijos me han enseñado más sobre adaptación, flexibilidad y liderazgo real que cualquier máster directivo, lo digo completamente en serio.

    • Aprendí a priorizar por las malas: Durante años intenté llegar a todo y para todos. No salió bien.  Porque me abandoné en el camino. Entender qué es lo verdaderamente importante lo cambió todo.

    • Estrategia y juegos: Me encantan los juegos de mesa y de cartas. Cualquier reto que me obligue a pensar, colaborar o buscar una alternativa diferente me engancha. Mi lema es #HemosVenidoAJugar

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