¡Hola! Te presento a una vieja conocida.
(Aquí va la foto)
Esta de la foto soy yo hace exactamente 9 años. Iba camino de Barcelona para un concierto de U2, lucía un pelo negro y liso impecable, unos cuantos kilos menos y la sonrisa de quien cree que tiene el control absoluto de su vida.
Qué tierna. Spoiler: No tenía el control de nada.
En ese momento, yo era el perfecto ejemplo del «sapo en la olla». El agua se iba calentando poco a poco, pero yo seguía ahí, nadando tan feliz, completamente ajena a que estaba a punto de hervir. Y es que, por aquel entonces, mi manual mental de «Cómo ser una líder de éxito» dictaba lo siguiente:
- La ley del «Juan Palomo»: Si algo era realmente importante, tenía que hacerlo yo. Punto.
- El síndrome de Wikipedia: Una buena líder tiene que tener respuestas y soluciones para absolutamente todo.
- La superheroína: Mi trabajo era hacerme cargo de todo (y de todos).
- El don de la ubicuidad: Tenía que trabajar el doble que el resto para llegar a todas partes. Trabajo, familia, vida… la capa de heroína no se quitaba ni para dormir.
El día que la olla empezó a hervir
Poco después de esa foto, llegó una etapa de esas que te ponen el mundo del revés. De las que te obligan a frenar en seco sí o sí. Aunque tardé un tiempo en procesarlo, el golpe me sirvió para entender que no podía estar más equivocada.
A base de tropezar contra la pared, descubrí cinco verdades como templos que cambiaron mi forma de gestionar equipos (y mi salud mental):
- Ser imprescindible no es liderazgo, es acopio de tareas. Si tu negocio o tu departamento se cae si te vas a tomar un café, no eres líder; eres un cuello de botella con patas.
- Tener todas las respuestas no desarrolla equipos, crea dependencias. Si solucionas todo tú, acostumbras a los demás a no pensar.
- Evitar los conflictos no genera confianza. Al contrario, mirar hacia otro lado solo trae falta de compromiso y desmotivación en el equipo.
- La ley del espacio: Cuanto más espacio ocupaba yo con mi ego de «yo lo soluciono», menos espacio dejaba para que crecieran las otras personas.
- No saber parar es pan para hoy… y hambre para hoy también, para mañana y para siempre. El burnout no avisa, se instala.
La magia de dar un paso atrás
¿Y sabes qué pasó cuando por fin empecé a soltar el control y a delegar de verdad? ¿Se cayó el mundo? ¿Explotó la empresa?
Para nada. Apareció algo maravilloso que siempre había estado allí, pero que yo no dejaba ver: Talento.
Me encontré con personas increíblemente preparadas para asumir responsabilidades. Gente que estaba deseando ocupar su lugar y demostrar lo que valía. Y lo hicieron estupendamente, porque la realidad es que habíamos construido un equipo de alto rendimiento muy potente… solo faltaba que la jefa saliera de en medio.
El gran error del liderazgo actual: Confundir liderar con hacerse cargo de todo. A veces, el problema no es que tu equipo no sea capaz. El problema es que tú todavía no has aprendido a apartarte.
Tu turno: ¿Sostienes o construyes?
Hoy miro esa foto de hace 9 años con mucha ternura. Veo a alguien convencida de que liderar era sostenerlo todo sobre sus hombros, como una versión ejecutiva de Atlas.
Hoy sé que liderar consiste en construir algo capaz de sostenerse incluso cuando tú no estás. Lo comprobé el día que por fin paré, solté las riendas y vi que todo seguía girando (y mejor que antes).
Y tú, ¿estás liderando o estás haciendo de escudo humano para tu equipo? Si te ha recordado a alguien (o a ti misma), ¡te leo en los comentarios!
¿Líder o pulpo? El día que descubrí que «hacerlo todo» no era liderar (sino autosabotaje)
¡Hola! Te presento a una vieja conocida.
(Aquí va la foto)
Esta de la foto soy yo hace exactamente 9 años. Iba camino de Barcelona para un concierto de U2, lucía un pelo negro y liso impecable, unos cuantos kilos menos y la sonrisa de quien cree que tiene el control absoluto de su vida.
Qué tierna. Spoiler: No tenía el control de nada.
En ese momento, yo era el perfecto ejemplo del «sapo en la olla». El agua se iba calentando poco a poco, pero yo seguía ahí, nadando tan feliz, completamente ajena a que estaba a punto de hervir. Y es que, por aquel entonces, mi manual mental de «Cómo ser una líder de éxito» dictaba lo siguiente:
- La ley del «Juan Palomo»: Si algo era realmente importante, tenía que hacerlo yo. Punto.
- El síndrome de Wikipedia: Una buena líder tiene que tener respuestas y soluciones para absolutamente todo.
- La superheroína: Mi trabajo era hacerme cargo de todo (y de todos).
- El don de la ubicuidad: Tenía que trabajar el doble que el resto para llegar a todas partes. Trabajo, familia, vida… la capa de heroína no se quitaba ni para dormir.
El día que la olla empezó a hervir
Poco después de esa foto, llegó una etapa de esas que te ponen el mundo del revés. De las que te obligan a frenar en seco sí o sí. Aunque tardé un tiempo en procesarlo, el golpe me sirvió para entender que no podía estar más equivocada.
A base de tropezar contra la pared, descubrí cinco verdades como templos que cambiaron mi forma de gestionar equipos (y mi salud mental):
- Ser imprescindible no es liderazgo, es acopio de tareas. Si tu negocio o tu departamento se cae si te vas a tomar un café, no eres líder; eres un cuello de botella con patas.
- Tener todas las respuestas no desarrolla equipos, crea dependencias. Si solucionas todo tú, acostumbras a los demás a no pensar.
- Evitar los conflictos no genera confianza. Al contrario, mirar hacia otro lado solo trae falta de compromiso y desmotivación en el equipo.
- La ley del espacio: Cuanto más espacio ocupaba yo con mi ego de «yo lo soluciono», menos espacio dejaba para que crecieran las otras personas.
- No saber parar es pan para hoy… y hambre para hoy también, para mañana y para siempre. El burnout no avisa, se instala.
La magia de dar un paso atrás
¿Y sabes qué pasó cuando por fin empecé a soltar el control y a delegar de verdad? ¿Se cayó el mundo? ¿Explotó la empresa?
Para nada. Apareció algo maravilloso que siempre había estado allí, pero que yo no dejaba ver: Talento.
Me encontré con personas increíblemente preparadas para asumir responsabilidades. Gente que estaba deseando ocupar su lugar y demostrar lo que valía. Y lo hicieron estupendamente, porque la realidad es que habíamos construido un equipo de alto rendimiento muy potente… solo faltaba que la jefa saliera de en medio.
El gran error del liderazgo actual: Confundir liderar con hacerse cargo de todo. A veces, el problema no es que tu equipo no sea capaz. El problema es que tú todavía no has aprendido a apartarte.
Tu turno: ¿Sostienes o construyes?
Hoy miro esa foto de hace 9 años con mucha ternura. Veo a alguien convencida de que liderar era sostenerlo todo sobre sus hombros, como una versión ejecutiva de Atlas.
Hoy sé que liderar consiste en construir algo capaz de sostenerse incluso cuando tú no estás. Lo comprobé el día que por fin paré, solté las riendas y vi que todo seguía girando (y mejor que antes).
